Imperio romano
Augusto renunció a su consulado
Roma
Augusto renunció a su consulado en el año 23 a. C., pero conservó su imperium consular, lo que condujo a un segundo compromiso entre Augusto y el Senado conocido como el Segundo Acuerdo. Se le concedió a Augusto la autoridad de un tribuno (tribunicia potestas), aunque no el título, lo que le permitía convocar al Senado y al pueblo a voluntad y presentar asuntos ante ellos, vetar las acciones de la Asamblea o del Senado, presidir las elecciones y le otorgaba el derecho a hablar primero en cualquier reunión.
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